martes, 22 de julio de 2008

Llévatela tranquilo o llévatela leve

- Sergio, ¿estás bien, qué te pasa, qué tienes? Sergio, por favor, ¿qué tienes, qué te pasa?

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Llegué bien a la casa, fue un martes hasta cierto punto tranquilo y pude zafarme temprano de la redacción. Salí del Excélsior por ahí de las 19:40 o algo así, le avisé a Livs, quien se encontraba en espera de entrar a consulta con la ginecóloga.

Todo normal, me regresé en metro y luego tomé un pesero para llegar al hogar como a eso de las 20:30 y casi de inmediato entró la llamada de mi amada, un poco seria me contó lo que le recetó la doctora y dijo que si podía recogerla en la estación de Eugenia, de la línea verde del meteoro, y ahí nos vimos.

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- Me siento mal, no sé qué pasa, me caí y me pegué en la frente. Eso le pude responder a Livs –que para entonces ya tenía lágrimas escurriéndole por las mejillas- porque me encontraba tirado en la alfombra de la recámara con una temblorina espantosa que más bien tenía cara de ser un ataque de convulsiones, y con la quijada apretada como si me hubieran puesto tornillos y tuercas para no abrir la boca.

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Nos encaminamos de nuevo a la casa y me platicó lo que le diagnosticaron. Pasó un rato y ella salió a la farmacia a comprar los medicamentos.

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- ¿Le hablo a mi mamá para que me pase el teléfono del doctor Becerril (creo que me lo han mencionado 91 mil 345 ocasiones y no sé su nombre ni lo conozco) para ver qué hacemos?

- No, llámale a mi papás, que vengan para ir a un hospital. Trata de no alarmarlos. Y mientras, yo rebotaba en el suelo como lombriz con sal y limón, Livs me tuvo que colocar un cojín debajo de la cabeza para no lastimarme, porque de levantarme ni hablamos, no tenía fuerza y un hormigueo invadió mis extremidades superiores e inferiores. Ella seguía llorando y sumamente asustada. Igual yo estaba espantado.

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Me senté en una silla del comedor, de pronto comencé a sentir frío, me temblaba todo el cuerpo, me puse muy nervioso, los dedos de las manos se me empezaron a enchuecar, me vino un mareo insoportable y una terrible pesadez en las piernas. Dejé pasar un rato para ver si se me quitaba o al menos disminuían esos males, pero fueron en aumento. Entonces me levanté para ir en busca del teléfono y llamarle a Livs, al entrar a la recámara apenas pude dar unos pasos cuando el vértigo me hizo perder la vertical y fuera abajo. Medio metí las manos y medio reboté en la alfombra con la frente. Afortunada (o desafortunadamente) nunca perdí el conocimiento, en todo momento estuve consciente de lo que me ocurría. No logré ponerme en pie.

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- Que no está tu papá, lo va a localizar tu mamá. Calma Panzón, estoy muy asustada, no quiero que te pase nada malo. Llamó Ana Lilia (mi hermana) que ya habló con tu papá y ahorita viene.
Ya también habló Georgina (mi otra hermana) para saber qué te pasó. Llamó tu mamá, que ya viene tu papá.
Era tu papá, que ya está aquí a la vuelta.

- Llámale a Enrique (mi tío) para ver si puede venir porque mi papá no va a poder levantarme y no quiero que haga esfuerzos (sufrió un infarto cerebral el 1 de febrero pasado).

- Dice Enrique que sí viene.

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En nuestro departamento una puerta de la recámara da directo a la calle y solemos entrar por ese acceso, así es que cuando Livs regresó de la farmacia y encendió la luz, se encontró con mi cuerpo temblando en el suelo y sin poder hablar correctamente. Se echó a mi lado para cuestionarme y las lágrimas la invadieron.

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- Llegó tu papá.

- ¿Qué pasó hijo, cómo te sientes, a dónde te llevo?

- A un hospital, pero espera que ya viene Enrique para que él me levante, no quiero que te esfuerces.

- Calma, no te preocupes por mí ahorita.

- Llegó Enrique.

- ¿Puedes apoyarte para levantarte?

- No, no tengo fuerzas.

- Bueno, entonces agárrate fuerte, te voy a cargar y te llevo a la camioneta.

- ¿A dónde lo llevamos?

- Al Santa Coleta.

- ¿Uriegas?, hola habla Livier, oye, si ya hiciste tu agenda a ver si puedes quitarle a Sergio lo que tenía por favor, vamos para el hospital, no sé qué tiene, se sintió muy mareado, se cayó y se pegó en la cabeza.

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Tras un recorrido como de 15 minutos llegamos a Urgencias del Santa Coleta y me volvió a cargar Quique para colocarme en una silla de ruedas. Rápido me metieron y me pasaron a una camilla, Livs, mi papá y mi tío detrás mío. Dieron mis datos y mi mujer explicó lo ocurrido al doctor en turno.

Me encueraron rápidamente, me pusieron un DH no sé que coños vía intravenosa y empezó a disminuir la temblorina. Es un anticonvulsivo, alcancé a escuchar. Le llamaron al neurólogo que atendió a mi papá, giró instrucciones, me sacaron una tomografía (cuando me llevaban a practicarme ese estudio vi que ya estaban mis tíos Beto, Chucho y Mary, además de mis primos Carlos, Valeria y Ximena) y me informaron que debía quedarme en el nosocomio.

Me regresaron a Urgencias en lo que pedían mi habitación. Para entonces ya me había dado cuenta que el camillero era puñalón.

- ¿Tus chinos son naturales?

- Sí

- ¿Me los prestas para dominguear?, jajajajajaja (la risa es del joven).

Yo en plena crisis y el puteque tirándome el calzón, no hay moral me cai. A Dios gracias no volví a verlo después de que me depositaron en el cuarto. Todas las visitas pasaron a despedirse y me quedé ahí hasta el jueves al medio día. Se trató de mi primera vez en cuanto a hospitalización se refiere, en lo que llevo de vida.

No fue nada neurológico, aunque tengo que practicarme una resonancia magnética dentro de un par de semanas para descartar cualquier cosa. Y me duele la mano donde me pusieron “la solución” y los medicamentos por la vena.

Se trató de un cúmulo de estrés muy poderoso, combinado con preocupaciones varias e intensas, y uno que otro coraje también de alto calibre. El médico me pidió reposo. Todavía me he mareado una que otra vez y de pronto me siento muy cansado, pero todo indica que, después de una semana, este miércoles podré reincoporarme al trabajo.

En el hospital me tuvieron a pura dieta blanda. Agua, agua, agua, agua y más agua. Lo del puñal se propagó y me hacían bromas sobre ese asunto. Y para colmo, el doctor ordenó que me pusieran unas Medias Antitrombóticas que se me veían rechulas, (obsérvese la imagen más abajo, ¿a poco no luzco divis divis?)

Todo este tiempo mi Livs ha estado al pie del cañón, se quedó las dos noches conmigo en el hospital, me ha cuidado y consentido en demasía y lo agradezco infinitamente, con su amor lo pasé mejor. Tan se concentró 100 por ciento en mí que ella se descuidó y ahora tiene gripe.

También debo agradecer a todas y todos quienes se preocuparon por mí, se les quiere harto. Por cierto, no pocos ni pocas me hicieron la siguiente recomendación: “llévatela tranquilo o llévatela leve”. ¿Acaso se puede? Creo que es muy fácil decirlo, lo complicado está en hacerlo con tanto estrés, preocupaciones, deudas (ahora se suma la de la cuenta del hospital), angustias y corajes que se van acumulando…, pero lo intentaré, ja.
Los piropos se los pueden ahorrar...

viernes, 4 de julio de 2008

Si es cuestión de confesar... Vol. 2

Ahora voy yo con mis confesiones, porque obviamente me uno al atrevimiento de S!!!

Y con gusto las comparto para que ahora que me vean se les ocurra mirar también mis tenis, invitarme una manzana que tanto se me antojaría o ya si lo prefieren les armo un baile requetechulo.

Tomen nota:

-No lavo mis tenis, porque según yo los tenis no se lavan, y los uso hasta se me mete el agua de un simple charco.

-Soy adicta al sudoku.

-Piso chueco con el pie izquierdo.

-Soy extremadamente distraída y desorientada.

-La tolerancia no es una virtud en mí.

-No me gusta saludar.

-Cuando era niña sufrí dos ataques asmáticos que me llevaron al hospital, y esa enfermedad me dejó varias alergias extrañas, como las que sufro con la manzana, el durazno y la zanahoria.

-Nunca reprobé una materia en toda mi vida académica, así que no sé qué se siente hacer un extraordinario, y juro que no era matada.

-Durante toda la universidad estuve “enamorada” de un tipo al que nunca le hablé, hasta una vez al final de un partido de futbol cruzamos comentarios sin voltearnos a ver.

-Durante muchos años le tuve miedo a mi papá, y de hecho sus ojos azul-verde-malos me hacían temblar.

-Una fiesta de XV años para mí jamás llamó mi atención y por supuesto no me presté a la celebración, y si volviera a nacer me volvería a negar.

-Era fan de Kabah, y qué y qué y qué!!!

-El Conde de Montecristo me hizo llorar mucho tres veces y con Los Miserables también lloré, pero solamente una vez.

-Quiero tener a mi primer hijo a los 26 años, y en total tres, ojalá que puedan comer aire, por supuesto.

-Cuando era niña y más inocente, en compañía de tres primas y tres primos, preparaba intensamente bailes “modernos” para dizque celebrar fechas importantes, como los cumpleaños de mis abuelitos, pero el colmo fue en la fiesta de XV años de una prima, en la que según amenizamos con la Techno Cumbia, un oso en grande, del que aún existe un video que quisiera robar y quemar.

-Soy horriblemente celosa, y me acabo de enterar.

-Odio la ciudad de México, quiero salir corriendo de ella, y de haber sido más valiente, en el verano del 2006 ya no hubiera regresado y ahora viviría en Ensenada, B.C.

-Los borrachos y drogados me dan pánico, pero en serio, cuando estoy cerca de uno, que puede ser desconocido o persona muy querida, siento que viajo a otra dimensión, que me elevo unos 10 centímetros, no me puedo mover, oigo pero no entiendo y me siento apachurrada, simplemente horror, horror y horror.

-Mil veces me cagó escuchar o enterarme de los comentarios que le hacían a S sobre su decisión de dejar de tomar, y es que entre "amigos" y familia se encargaron de hacer más difícil la situación, y hasta ahora me parece increíble que se aventaran comentarios para molestar, que algunos no estuvieran de acuerdo con él, que si ya le pegaban, que se pusiera a leer la biblia, que estaba loco, que qué poco hombre, bla bla bla. Me pregunto si de haber sido al revés habrían reaccionado igual, o sea que saliera S a decir: "voy a tomar tanto que me voy a ocasionar problemas al por mayor" y todos los demás se pusieran de pie y aplaudieran sin parar.

ouch!

miércoles, 25 de junio de 2008

Si es cuestión de confesar...

Sin temor a equivocarme todas las personas guardamos secretos propios –y ni qué decir de los ajenos-. Ya sean éstos etiquetados como netamente confidenciales, o que pueden ser compartidos en un círculo muy cerrado, como sería el caso de la pareja, familiares o amigos, o que se le confían a otro individuo o a otra individua por mera confianza.

Se trata de hechos, sentimientos, acciones, o cualquier otro asunto que bien puede comprometernos, causar pena, ser motivo de burla, herir a alguien, provocar problemas, generar conflictos, hacernos quedar mal ante la sociedad, etcétera. En ese sentido, considero que hay niveles de secretos.

Por mi manera de ser difícilmente puedo quedarme con cosas que me pesan, por así decirlo. Creo que no puedo con cargas fuertes y necesariamente busco el desahogo o la complicidad. Tampoco es que le ande contando todo a cualquier persona, nada que ver. Siempre es a mi mujer, a mis amigos (sólo tengo seis, oups, ya empezaron las confesiones), o a miembros de la familia en quienes suelo apoyarme (normalmente mis tíos Beto y Enrique, y mis hermanas).

A lo largo de mis 29 años y medio he ido acumulando secretos, mismos que he compartido con quienes pienso que deben conocerlos.

Los hay de todo tipo, y no sé por qué, pero tomé la decisión de abrir el pomo de las esencias. A continuación haré públicos muchos secretitos, supongo que la mayoría les sorprenderá, algunos pueden provocar risa, unos compasión, otros serán equis, el caso es que conocerán más de mí. Lo único que pido es que, si es cuestión de confesar, en sus porras compartan cualquier secreto.

Ahí les voy:

- Soy un hijo no deseado, jajaja. Resulta que con todo y dispositivo intrauterino mi madre quedó embarazada. Con dos hijas, se daba como un hecho que sería niña, hasta mi mamá escogió el 12 de diciembre como fecha del parto porque le pondría Guadalupe. Y oh sorpresa, que sale Sergio!

- Cuando era un recién nacido, acaso unos 20 días de haber salido del vientre de mi madre, estuve a punto de perder la vida debido a que no podía hacer caca. La temperatura se elevó muchísimo, me dieron convulsiones y tuvieron que meterme en una tina con hielo, y para que no me fuera a tan temprana edad el doctor recetó un medicamento que me dejó marcado para siempre. Padezco de una terrible resequedad en la piel, por mucho años la tuve como de elefante, y el acné es parte de mí por ese motivo.

- A los siete años, también me andaba llevando la huesuda. Habíamos acudido a una convivencia familiar-amistosa a La Marquesa. En la camioneta Ford Fermon roja viajábamos mis padres, abuelitos maternos, y yo iba en la cajuela (conectada al resto de los asientos, no es que fuera encajuelado) donde me acompañaban varias cajas de refresco. Aceite en la carretera, patinada del automóvil, estampada con una barda y Sergio sale volando al asfalto (desmayado). Todo quedó en una rajada que aún se nota en la pierna izquierda, cabeza abollada y una que otra cortada en brazos y espalda.

- Como a los 10 años, solía cenar en la casa de mi tío Chucho, recién casado con Elizabeth. Oso terrible en una de esas noches. Me dieron una taza con agua caliente para preparar té, entonces me pusieron la bolsita a un lado, y yo torpe, la abrí para echarle la hierba al agua. Nunca se les va a olvidar, y a mí tampoco. Desde entonces ya sé cómo es el proceso.

- De niño era muy miedoso, y en las madrugadas me iba a meter a la cama de mi hermana Ana Lilia, quien siempre me recibió amablemente.

- Siempre quise ser chambelán en unos 15 años, y nunca se me hizo

- En la Prepa hice nada más y nada menos que 14 exámenes extraordinarios! Lo mejor es que la terminé en tres años cuando no veía cómo podía lograrlo.

- Decidí estudiar periodismo el mismo día en que debía entregar mi papeleta en Prepa 5 con las opciones de licenciatura. Le atiné, jajaja.

- Una vez, siendo pequeño, mi mamá y mis hermanas me preguntaron qué quería ser de grande, y yo respondí categóricamente: Jardinero! Se doblaron e la risa.

- Perdí la virginidad a los 19 años. Ouch, lo dije!

- No estoy titulado

- Sólo tuve dos novias –oficiales-.

- A pesar de que ya lo dije en la introducción, ahí va de nuevo: nada más tengo seis amigos.

- No sé coser un botón.

- Me fascinan los deportes, pero hay tres que no les entiendo nada: Hockey, Criquet y Rugby.

- Mi primer trabajo lo conseguí a los 21 años, de hecho nunca antes había buscado.

- Una vez en Cancún me quedé dormido afuera de un antro después de tremenda jarra, y amanecí con la cartera vacía.

- Sin bronca escucho canciones poperas y baladas en español tipo Paulina Rubio, Luis Miguel (soy fan), Ricky Martin, Mecano, Timbiriche, Iskander, Miguel Bosé, Alejandro Sanz, Alejandro Fernández, Belanova, Belinda, Emmanuel, Hombres G, Kany García, Ricardo Montaner, Shakira, entre muchos otros. También soy cumbianchero y salsero. Ya me imaginé las críticas con esta confesión.

- No sé usar una olla express. No entiendo cómo funciona.

- Antes dormía siempre con pijama, ahora siempre lo hago encuerado.

- Veo Las Tontas no van al Cielo. Y antes vi muchas telenovelas más, pero muchas en serio.

- No me gusta bañarme los domingos, por mucho tiempo fue el único día de la semana que no visitaba la regadera. Ahora sí me baño, no me gusta, pero no me queda de otra porque Livs me obliga.

- Tengo deudas bancarias.

- Mi equipo más odiado era Cruz Azul. Hoy ya no, hasta cierto aprecio le tengo.

- Aprendí a manejar a los 19 años.

- Desde que estoy con Livs soy un celoso de lo peor, nunca me imaginé sentir algo así.

- Siempre me persigno antes de salir de casa.

- Nunca volveré a casarme.

- No veo a mi hijo desde el pasado 30 de abril (su mamá no me deja), y lo extraño mucho, he llorado bastante por esta situación.

Venga, no se hagan, éntrenle...

miércoles, 18 de junio de 2008

Entrada de cuando me vuelvo vieja en anti-sección

¿Será que por fin tengo tiempo de hacer una entrada planeada desde el sábado en la noche? Veamos:

Esta será una anti-sección, porque así como todo el mundo anda por ahí diciendo y recomendando sus taquerías favoritas, las mejores tortas, las hamburguesas más ricas, la forma exacta y perfecta de tender camas, etcétera, yo quiero contarles mis malas experiencias y hacerles la más atenta invitación para NO ir a los lugares que, a mi gusto, son horribles.

Iniciaré con La Camelia 2. Asistimos a festejar el cumpleaños de una prima muy querida a este sitio que es una rara mezcla entre bar y antro con fresa y naco (ofrezco disculpas por usar esta palabra, no encontré otra). Aquí nos encontramos a un cadenero, sé que no debo describirlo porque esas personas son contratadas para ser estúpidas y les sale muy bien, además de que son iguales en todos lados. Entramos al lugar y es muy simple, nada que resaltar sobre decoración y esas cosas, está feo y ya.

Ya que un tipo nos ayudó a encontrar la mesa de mi prima, felicitamos, saludamos, nos sentamos y notamos que en el lugar asignado cabíamos 7 personas apretadas, pero la reservación era para 15, afortunadamente no habían llegado los millones de invitados, pero con los que estábamos teníamos suficiente, ya que si alguien tenía que ir al baño o simplemente moverse, Sergio debía levantarse y dar paso a la persona en movimiento, y no se diga cuando quisieron bailar.

Mientras tanto la gente se multiplicaba, ya no se podía caminar sin chocar con cinco personas mínimo a cada paso, desesperé y llamamos al mesero para pagar nuestro consumo, pero el eficiente prestador de servicios no tenía cambio, o sea: ¿cómo?. Exploté, pues por qué carajos no ha de tener cambio, por qué si me quiero largar no puedo porque no me cobran, y por qué me enojé tanto, ash!

Después de mis reclamos, mi berrinche y mi coraje, mi prima propuso que saliéramos del lugar dejándole sólo el importe de nuestro consumo y 1.50 de propina, todo nuestro cambio, ¡acepté!, pero ahí no terminó la aventura, porque en nuestro intento por llegar a la entrada-salida valoramos el confort del metro en hora pico con lluvia veraniega, notamos que el suelo del primer piso era más frágil que el papel de baño más barato y que en caso de incendio o temblor seguramente sólo se salvarían las personas que no alcanzaron a entrar, en compañía del cadenero.

Ya afuera, libres y a la espera de unos hot dogs, Sergio hizo una gran anotación: los que aún estaban buscando la piedad del cadenero no aparentaban más de 22 años, justos los que mi prima cumplió, en serio, nadie más podría ser mayor, puro moco, y claro, pues yo no había estado en un lugar así desde hace 6 años, más o menos.

Así que apuntamos dos cosas para nuestro futuro:

1. Antes de acudir al llamado festivo de cualquier persona, checaremos la edad del "anfitrión", si tiene menos de 24 definitivamente no asistiremos, no queremos correr tantos riesgos.

2. A mis 25 años ya no estoy para esos trotes ¡auch! (obviamente Sergio menos, jiji), el cuarto de siglo me pesa, primer signo de vejez, ¿cuando vendrán las arrugas?

Así que aquí tienen mi gran recomendación: No vayan a La Camelia 2 (Madero 3, San Ángel), a menos que tengan menos de 22 años o les encante la mala vida. -agresión visual al máximo, me gusta-


Nota final: No, no me dio tiempo de hacer la entrada ayer, odio ser explotada y seguir en este lugar, buuuaaahh!

jueves, 12 de junio de 2008

¿Qué les pasa?

No faltará quien me tache de machista, pero si algo me caracteriza es precisamente lo contrario, de macho tengo lo mismo que de químico. Sin embargo, estoy seguro que me lloverán ataques de feministas y liberales (sin distinción de sexo), y asumiré el costo por exponer aquí mi rechazo al lenguaje soez que aplican las mujeres como una forma habitual de expresarse.

No tengo presente el momento en que las féminas abrieron el cajón de las groserías para pronunciarlas como cualquier pelafustán. Palabrotas en castellano existen, según pude averiguar, desde el siglo XIII, pero creo que para las mujeres surgieron en el XXI.

No es que me quiera dar baños de pureza ni mucho menos. No me espanto. No me persigno. No me sonrojo. No le echo agua bendita a las mujeres que de 10 palabras pronunciadas siete son altisonantes. Sencillamente lo detesto.

¿Pues qué les pasa? Yo lo tengo muy claro, en ese afán por conseguir ‘la igualdad’ muchas se confunden y dicen ‘si los hombres lo hacen, por qué nosotras no habríamos de hacerlo’. Y así se dejan ir con una letanía de peladeces que pueden dejarme con la boca abierta.

En verdad me parece increíble que las chicas de hoy (turu ru, turu ru, jajajaja) se digan entre ellas y también se dirijan a los hombres con palabras como güey, pendeja(o), no mames, cabrona(ón), puto(a), chinga tu madre, huevos, hijo(a) de la chingada, y linduras por el estilo. Ya el colmo es que albureen, pero existen y me consta. Tampoco soporto que un tipo le diga esas majaderías a una mujer, me parece denigrante.

Algo que también me repugna es que de pronto una mujer comience a ser grosera nada más porque en su escuela, lugar de trabajo o círculo cercano de amistades así se expresan. Eso de quererse sentir parte de un grupo e imitar, o ser ‘influenciada’, es detestable.

No tengo ningún problema cuando las damas sueltan groserías como meras expresiones de enojo. Entiendo que cualquiera puede insultar cuando se siente agredida(o), para sacar un coraje, frustración o algo similar, pero de ahí a que sea el estilo de hablar hay una gran diferencia y es entonces cuando me puede reventar la situación.

¿A poco a alguien le gusta escuchar a una mujer que normalmente se expresa con groserías? A mí la neta, no. Y las dicen mi Livs, mis hermanas, primas, una que otra tía joven, etcétera, y me tengo que aguantar, sin embargo, es algo que me molesta bastante.

Desde mi perspectiva, es corriente una mujer que tiene por característica su lenguaje soez. De ninguna manera tiene que ver con inteligencia o capacidades, simplemente que lo relaciono con falta de clase.

Ya me imagino que habrá quien vaya a decir ‘ay sí, tú eres muy refinado y no dices groserías’. Bueno, pues he de reconocer que últimamente siento que me excedo en la pronunciación de palabrotas, y lo peor es que lo hago enfrente de las mujeres, y eso está terrible, pero ya me propuse corregirlo.

Mi sentimiento hacia las mujeres groseras no cambiará. Punto final forever.

viernes, 6 de junio de 2008

Reportero ofrece sus servicios

En seis años y medio de ejercer como reportero de futbol he vivido tres episodios de mucha indignación y tristeza respecto a mi labor. El primero, al ser despedido del Reforma sin argumentos; el segundo, cuando fui censurado en Excélsior para no perjudicar intereses del dueño; y el tercero, en este mismo diario apenas ayer porque un alto mando editorial desconfió de mí y decidió no incluir una nota reporteada durante día, tarde y noche, y prefirió meter una de agencia.

En verdad estoy entregado a mi trabajo desde el primer día en que entré al Reforma en septiembre de 2000, luego en mi fugaz, pero no menos apasionante, paso por mediotiempo.com, y finalmente en Excélsior.

He desempeñado mis funciones a pesar de situaciones negativas, a pesar de la falta de motivación en las empresas, a pesar de que en ocasiones mis superiores sean improvisados, sepan menos que yo y no les aprenda nada, a pesar de los horarios, a pesar de perderme fines de semana familiares, a pesar de perderme fiestas, a pesar del salario, a pesar de lo que se les ocurra siempre he trabajado con ganas de entregar las mejores notas. Y quienes me conocen pueden confirmarlo.

Hace tiempo que en Excélsior no hay gran cosa para presumir, eso de hacer crónicas por televisión y no ir a los partidos de tu fuente le bajan a uno la moral, y nada más por mencionar algo, pues las cosas por acá como empresa dejan mucho que desear. El ambiente en la sección de deportes está chido porque todos nos llevamos bien, pero eso es aparte.

Con toda la desmotivación que pueda existir no he bajado la intensidad en mi chamba, yo mismo me exijo para ser mejor, y lucho por darle información a la gente que se toma la molestia de leer Adrenalina. Aunque también hay límites, y ya llegó el mío.

Mi fuente es Cruz Azul y tenía la obligación de sacar información respecto a la continuidad o salida del técnico Sergio Markarián. El señor, de nacionalidad uruguaya, tenía agendada una reunión con la directiva para comunicar su decisión, el problema era saber dónde y a qué hora, pero había que sacar la nota.

Así fue el jueves. Llamadas y llamadas para investigar, total que Markarián se apareció en el Hotel Royal y me lancé para allá. El tipo salió de ahí tres veces sin que se reuniera más que con su esposa. En la última, amablemente nos informó a los reporteros congregados en ese lugar que la charla con el presidente del equipo, Guillermo Álvarez Cuevas, no sería en dicho sitio, que mejor nos fuéramos a echar taco porque perderíamos nuestro tiempo, y así fue, lo perdimos. Nunca supimos dónde.

Ya en la noche cada quien se fue para su casa o lugar de trabajo. Se nos informó que la noticia se daría a conocer por medio de un comunicado. El dichoso boletín sólo decía que Markarián convocaba a conferencia de prensa para la mañana siguiente. Verde, yo no puedo salir con eso porque en esencia no hay nota. Así que tras varios intentos por saber cuál era la decisión del entrenador, un directivo del club me lo confió, el charrúa está fuera de La Máquina, me aseguró.

Eso sí, me pidió que no mencionara su nombre en la nota porque ponía en riesgo su trabajo en la institución. El periodista tiene derecho a proteger sus fuentes, e hice valerlo. Mi editor, Carlos Uriegas, me respaldó y mandé la información. Se montó en la página 2 de la sección como nota principal.

Pasadas las 11 de la noche me llamó Uriegas para comunicarme que no se iba a publicar mi nota porque un tal Gerardo Galarza, subdirector editorial del periódico, la echó abajo argumentando que no estaba confirmada y no confiaba en mi trabajo. Entonces ordenó poner una de Notimex que anunciaba la conferencia de prensa de Markarián, donde diría si se quedaba o no.

Uriegas defendió mi trabajo, igual que Luis Alonso, pero no hubo forma de que el tal Galarza cambiara de opinión. Evidentemente estoy indignado, pisotearon mi trabajo y lo peor es que no me creyeron. En efecto, Markarián está fuera de Cruz Azul, y el único periódico que no lo publicó así fue Excélsior. Terrible.

Mis principios me indican que debo renunciar. Desgraciadamente no estoy en condiciones de hacerlo, pero ya informé a mis jefes que desde hoy estoy buscando trabajo y cuando lo encuentre me voy de aquí.

¿Ustedes qué harían? Por lo pronto ahí les encargo que si saben de un medio de comunicación que solicite reportero me avisen por favor, y ya si no es mucha molestia me recomienden.

Gracias Livs por todo el apoyo que me has brindado en estos momentos de coraje, tristeza e indignación. Te amo.

lunes, 2 de junio de 2008

Lo dije, como los machos caray

Llegó el momento de decir lo que cada fin de torneo: ¡ya será para la próxima!

Y por supuesto me aguanto, me aguanto, me aguanto y la orgullosa felicitación a los de la comarca ya está en proceso, mi inspiración fue chafa si de palabras lindas se trataba, pero no se diga del éxito de mi florido lenguaje que brotó y brotó, entonces pensé en una cabeza que dijera:

Felicidades Campeones. (inserte aquí todos los comentarios homofóbicos, racistas, machistas, obscenos, corrientes y ardidos que usted guste y mande, porque todos habrán pasado por mi mente.).

Lo malo fue que no pude mandarla y lo peor es que no puedo compartir con ustedes la cabeza linda y adorable, porque en mi contrato dice que está prohibido dar información de lo que se trabaja en esta H. agencia, ni modo, estoy segura de que me creen.

Y como bien lo dijo Sergio en su crónica: "Las campañas pasan y el conjunto cementero sigue esperando un título. Y la sequía continúa, los aficionados tendrán que seguir aguardando el día en que puedan desahogar sus frustraciones, total, ¿qué tanto son 21 torneos sin levantar la copa?

"No debe ser nada agradable ver que otros ganan y festejan, y ellos de plano se quedan con las ganas."

Me pregunto si pensó en mí y ya de paso en el Chanfle cuando escribió esto. Por mi parte es un hecho que me muero, me muero y me vuelvo a morir de ganas de que mi equipo sea campeón, pero ni modo, si no fue en esta temporada será en la próxima, o en la próxima o en la próxima, al fin que la sangre azul no se despinta.