
Ahora resulta que estar fea y ser veloz es argumento suficiente para difamarte, para insultarte y decirle al mundo que no eres honrada.
Tal vez tengo carazón de pollo o soy muy exagerada, pero en serio no puedo dejar de indignarme con las que para mí son injusticias, como el caso de la sudafricana Caster Semenya, quien en pocos días dará a conocer su género, gracias a las dudas que despertó su velocidad en la prueba de 800 metros en el Mundial de Atletismo, donde barrió a sus rivales.
Ella ya fue sometida a un estudio que determinará si es mujer u hombre, porque el tener apariencia masculina y ganar con un margen tan alto por supuesto debe generar suspicacias. Quien sabe si habría sido lo mismo si fuera una Sharapova cualquiera o si hubiera quedado en último lugar.
Mi referencia más cercana es Ana Gabriela Guevara, quien despertó la misma inquietud, y acepto que le entré al juego, sin embargo no creo que sea justo que se deje de lado la integridad moral de una persona a nivel mundial, cuando se puede tener un poco de tacto, y que conste que no estoy en contra de que se busque aclarar el panorama.
El procedimiento me parece nefasto, porque una cosa es la verdad y otra es que primero le digan fea, que parece hombre y que ser tan contundente en la carrera es el pase directo a la humillación. Yo me pregunto si no hubiera sido más fácil hablarlo con ella solamente, hacer el estudio, con disculpas incluidas, y callar o darle la razón a la gente con los resultados en mano.
Por supuesto es más fácil hacer las cosas con las patas y no pensar en las consecuencias que esto tendrá para Semenya, quien por cierto tiene 18 años y ya es más famosa por su apariencia que por sus logros.
Por qué no mejor hacen la prueba a todos los atletas, que sea un requisito y aunque sea más costoso, evitarían episodios como este, me parece justo.